estás leyendo...
Dover, Inglaterra, Reino Unido

Notas desde Dover

Bill Bryson en Notes from a small island cuenta su decepcionante primera visita a Dover en el año 1973. Llegó desde Calais, desde Francia, alojándose en una pensión casi de régimen militar. Veinte años después vuelve a realizar el mismo trayecto en un intento de ver si esas primeras impresiones fueron erróneas y ya después de haber estado viviendo bastante tiempo en el Reino Unido.

El lugar ya no es el mismo en aspecto, las casas de época georgiana han dejado paso a bloques modernos de apartamentos, la avenida frente al mar es más ancha y tiene mucho más tráfico, el puerto está comunicado con la ciudad por un subterráneo. Pero, para Bryson, Dover sigue siendo casi la misma: ciudad sin encanto, ciudad de paso con uno de los puertos más importantes del país.

El escritor de viajes estadounidense llegó por mar, una de las formas tradicionales de entrar en Inglaterra, nosotros lo hacemos por tierra. Pero no importa porque, al final la primera imagen que se consigue de ella sigue siendo la misma, la del puerto y sus acantilados. Nos damos cuenta entonces de que para tocar la historia de esta ciudad con los dedos, debemos caminar sobre sus acantilados blancos, los acantilados blancos de Dover.

Dover aparece como una ciudad bastante nueva, gran parte de ella fue destruida durante la segunda guerra mundial en la que se encontró en primera línea de fuego. Su centro es pequeño y sólo su imponente castillo en lo alto de un promontorio le da cierta belleza. Un castillo que fue construido durante la conquista normanda y que siguió también cumpliendo su papel defensivo durante la guerra. En el interior del castillo, huele a incienso y a madera consumiéndose. Todo está decorado de manera vistosa, una tanto infantil y vulgar, en un  intento de mostrar sus antiguas riquezas. En el exterior, en las zonas que antes ocupaba el antiguo foso, huele a hierba fresca, la hierba que brilla al sol en ese día caluroso de primavera. Algunas familias comen en las mesas de picnic frente al castillo, con las vistas del puerto y del canal a sus pies. Nos cruzamos con una puesta en escena de una disputa medieval por los derechos de riego y en la que se deja entrever el conflicto del rey con el arzobispo Tomás Beckett.

La ciudad se nos aparece como una ciudad de provincias. Nos asombra el hecho de que no haya nadie en la calle, es sábado, hace buen tiempo y las únicas personas con las que nos cruzamos son siempre adolescentes. Adolescentes en todas partes: en la playa de piedras, en el paseo frente al mar, en uno de los tantos lugares para comer en el que el empleado riñe a uno de ellos por no sentarse correctamente,… Buscamos una cafetería y todo está ya cerrado. Una vez se deja Londres, Inglaterra parece a veces un lugar sin vida.

Recorremos todo el paseo marítimo en busca de la entrada a las Western Heights, las fortificaciones que convirtieron a esta ciudad inexpugnable durante la guerra mundial, pero nos encontramos con una entrada completamente destrozada y llena de basura. Desandamos el camino decepcionados para descubrir que nos hemos equivocado de entrada pero ya es demasiado tarde y las dejamos para otra vez.

Antes de irnos al autobús, busco alguna revista de viajes para leer durante el trayecto. No encuentro ninguna en ninguna de las tiendas a las que entramos, lo único que hay son revistas de motor, barcos, decoración, jardinería o moda. Supongo que eso dice mucho de la gente que vive y va a comprar allí. En el autobús, un hombre alto y delgado que se sienta a nuestro lado, se dirige a Londres para correr la maratón.

Mientras nos alejamos, A. me habla de la canción There’ll be bluebirds over the White Cliffs of Dover (Habrá pájaros azules sobre los acantilados blancos de Dover) que se hizo popular durante la guerra como símbolo de esperanza y de la que dejo aquí un fragmento.

There’ll be bluebirds over
The white cliffs of Dover
Tomorrow
Just you wait and see
There’ll be love and laughter
And peace ever after
Tomorrow
When the world is free
The shepherd will tend his sheep
The valley will bloom again
And Jimmy will go to sleep
In his own little room again
There’ll be bluebirds over
The white cliffs of Dover
Tomorrow
Just you wait and see

Volarán los pájaros azules sobre

Los acantilados blancos de Dover,

Mañana, sólo espera, y los verás.

Habrá amor y risas,

Y paz para siempre,

Mañana, cuando el mundo sea libre,

El pastor cuidará de sus ovejas,

El valle florecerá otra vez,

Y Jimmy dormirá en su pequeña

Habitación otra vez.

Volarán los pájaros azules sobre

Los acantilados blancos de Dover,

Mañana, sólo espera, y los verás.

 

Cómo llegar. Desde Londres, se puede llegar en tren desde las estaciones de San Pancras, Charing Cross y Victoria, se tarda 1h30 o 2h dependiendo del tren. O también en autobús con la compañía National Express.

Desde Francia, se puede llegar en ferry desde Calais con distintas compañías.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Actualizaciones de Twitter

Únete a 6 seguidores más
A %d blogueros les gusta esto: