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Inglaterra, Londres, Reino Unido

Notas desde Leighton House

Un sábado por la tarde Kensington High Street está repleta de gente pero, si dejamos la calle principal y nos vamos acercando a las calles que hay entre ella y Holland Park, entonces todo se tranquiliza. Allí, en una de las zonas más ricas de Londres, aparece de repente una casa enorme de ladrillo rojo que, en su día, perteneció al pintor y escultor Frederic Leighton, Lord Leighton.

Descubrí la existencia de la casa en la exposición El culto a la belleza, que el Victoria & Albert Museum acogió durante los meses previos al verano. Su descubrimiento fue prueba de que aún me quedan muchas cosas por ver en Londres y de que, aún después de tanto tiempo, no conozco todos los lugares que la ciudad esconde.

El culto a la belleza mostraba la evolución y algunos ejemplos del movimiento artístico esteticista, movimiento que se puso de moda en Inglaterra a finales del siglo XIX. Algunos de los artistas relacionados con el esteticismo fueron los escritores Oscar Wilde y Swinburne, los pintores prerrafaelitas (Rossetti, Burne-Jones, Millais,…) o el movimiento Arts and Crafts de William Morris.

Lord Leighton estuvo relacionado con algunos de ellos y, muchas de sus pinturas, muestran influencias del esteticismo, de su búsqueda constante de la belleza y de la idea relacionada del “arte por el arte” (art for art’s sake).  Su casa fue también su estudio, y dedicó 30 años de su vida a decorarla creando una obra de arte total a su alrededor que, él mismo, abrió al público para su visita.

La primera cosa que nos dicen al entrar es que no podemos hacer fotografías, la casa acabó de ser renovada en el año 2010 y da la impresión de que no quieran imágenes para que la gente venga a visitarla. Es una pena porque no hay rincón de la casa que no merezca ser fotografiado.

@The Royal Borough of Kensington and Chelsea

Desde la sobriedad del exterior, se entra en un mundo completamente distinto. Al traspasar la puerta, dejamos Londres afuera y parece que nos hayamos desplazado hacia el Oriente, hacia Damasco, de donde son muchos de los azulejos que decoran las paredes. En ellos, hay inscripciones y caligrafía en árabe, mosaicos, pavos reales… Por toda la casa, está expuesta la colección de cerámicas de su dueño. Las columnas son de mármol y el suelo está repleto de alfombras. Los muros son de colores brillantes: turquesas, dorados, negros…

El piso superior deja el estilo oriental y está decorado a la manera victoriana, con papeles pintados de colores vivos en las paredes, encargados de la fábrica de William Morris. Allí, colgados de las paredes, hay cuadros de los pintores prerrafaelitas y, en la gran sala contigua, nos encontramos con el enorme estudio del artista. Una gran ventana que da al jardín, deja entrar toda la luz que el pintor necesitaba. Las imágenes contemporáneas a la época de Leighton muestran que gran parte del estudio aún se encuentra hoy de la misma manera a como se encontraba cuando él trabajaba allí.

La visita no dura mucho. Una vez en el interior, la casa no es tan grande y, a pesar de algunas de las exposiciones temporales que pueda acoger, el museo se puede recorrer en una hora. Pero deja una gran impresión. Los artistas de esa época convirtieron el simple hecho de vivir, de lo cotidiano, en un puro acto estético.

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