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Lisboa, Portugal

Notas desde la zona de Baixa en Lisboa

En la niebla leve de la mañana de media primavera, la Baixa despierta entorpecida y el sol nace como con lentitud. Hay una alegría sosegada en el aire medio frío, y la vida, al soplo de la brisa que no hay, tirita vagamente por el frío que ya ha pasado, por el recuerdo del frío más que por el frío, por la comparación con el verano próximo, más que por el tiempo que está haciendo. No han abierto todavía las tiendas, salvo las lecherías y los cafés, pero el reposo no es de torpor, como el del domingo; es tan sólo de reposo. Un rastro rubio se antecede en el aire que se revela, y el azul se colorea pálidamente a través de la bruma que se extingue. El movimiento comienza poco a poco por las calles, destaca la separación de los peatones, y en las pocas ventanas abiertas, madrugan también apariciones. Los tranvías trazan a medio aire su surco móvil amarillo y numerado. Y, de minuto en minuto, lentamente, las calles se van llenando…

Bernardo Soares (uno de los tantos heterónimos del escritor Fernado Pessoa)

El libro del desasosiego

 

Baixa desde el Elevador de Santa Justa, con la Plaza del Comercio al fondo

Lo primero que vi de la ciudad de Lisboa es el estadio José Alvalade, el estadio del Sporting de Lisboa, porque llegamos a la ciudad en autobús. Desde ahí, cogimos el metro hacia la estación de Baixa-Chiado para acercarnos al hotel que habíamos reservado y dejar las bolsas. Por equivocación, salimos por la salida equivocada de la parada del metro, por el lado del Chiado y no por Baixa, así que mi primera visión de la ciudad fue la de la cafetería  A Brasileira, uno de los lugares literarios de la capital portuguesa por excelencia. A Brasileira fue a principios de siglo un lugar de reunión para los intelectuales lisboetas y, entre sus clientes asiduos, se encontraba el poeta Fernando Pessoa quien, al hablar perfectamente inglés después de haber vivido unos años en la ciudad sudafricana de Durban, trabajaba en una oficina de Baixa como traductor de la correspondencia comercial. Era un lugar que había señalado en mi mapa, que quería encontrar pero que más bien me encontró él a mí.Desde el Chiado se nota el desnivel que conduce a la zona llamada Baixa, es la zona que reconstruyó el Marqués de Pombal después del terremoto que asoló la ciudad el 1 de noviembre de 1755, la zona de menor altitud de la ciudad, de ahí su nombre. Allí se encontraba nuestro hotel y, después de refrescarnos y dejar todos nuestros trastos, volvimos a salir a la ciudad.

Vista desde la Plaza del comercio

Era un día caluroso, el asfalto estaba tan caliente que se podía sentir bajo nuestros pies. Tampoco nos ayudaba el hecho de que estábamos todos quemados por el sol, nuestra piel ya ha perdido la costumbre y el sol ardía en nuestra piel castigada. Baixa estaba repleta de gente y repleta de turistas. Nos dirigimos a la majestuosa Plaza del Comercio, la plaza abierta al mar a la que llegaban los barcos que quisiesen comerciar o descargar mercancías en la ciudad de Lisboa. Antes del gran terremoto existía aquí un palacio real, ahora es la sede de varios edificios gubernamentales. Desde allí, se ve la otra orilla, el puente 25 de abril y Cristo Rei observando la ciudad desde lo alto. Los colores cremosos de la plaza la dotan de elegancia, su disposición rectangular con la impotente escultura del rey en su centro y el mar omnipresente en uno de sus lados, la vinculan a la ciudad de Venecia aunque Lisboa no mirara al Mediterráneo sino al Atlántico. Uno de sus lados está comunicado con el resto de la ciudad por un arco de triunfo y, desde la plaza, se puede apreciar el trazado de la grandes arterias paralelas con que se reconstruyó la zona: la Rua Áurea, donde se encuentra el Elevador de Santa Justa, la Rua Augusta y la Rua da Prata, que llevan a la Plaza del Rossio y a la Plaza de Figueira. En el ángulo que forma la plaza con la Rua da Prata, se encuentra el restaurante Martinho da Arcada, otro de los lugares visitados frecuentemente por Pessoa y que también nos encontramos por casualidad.

Nosotros no comimos allí, lo hicimos en la Cafetaria São Nicolau, en la calle del mismo nombre. Un plato combinado con un bitoque -un filete de carne de cerdo o ternera con un huevo frito por encima-, ensalada, patatas fritas y arroz. Creo que los portugueses no podrían vivir sin arroz, simple arroz blanco, lo usan a todas horas como acompañamiento. En las mesas puestas en la calle hacía fresco, no llegaba el sol y prolongamos la comida todo lo que pudimos.

Después, durante las horas peores de calor, decidimos volver al aire acondicionado del hotel, planeamos volver a salir y caminar hacia el barrio de Alfama cuando en la ciudad se respirara de nuevo un poco de aire fresco.

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