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Portugal, Sintra

Notas desde Sintra: Palacio da Pena

 

Hoy es el día más feliz de mi vida. Conozco Italia, Sicilia, Grecia y Egipto, y nunca vi nada, nada, comparable a la Pena. Es lo más bello que jamás he visto. Éste es el verdadero jardín de Klingsor y, allá en lo alto, está el Castillo del Santo Grial.

Richard Strauss

 

Dicen que Sintra parece un escenario salido de un cuento de hadas y, realmente, es en eso en lo que pensamos cuando empezamos a ascender la montaña y nos encontramos frente a frente con el Palacio da Pena.

Desde el principio, el pueblo de Sintra es diferente a todo lo que he visto antes en Portugal. Me dicen que sus habitantes tienen fama de creerse algo especial, importantes, y eso se entiende al ver la arquitectura aristocrática del lugar. Chalets de estilo alemán o austriaco con nombres como Chalet Meyer, edificios de colores pastel y visitantes por todas partes. Nuestro coche sube la colina y empezamos a internarnos en el bosque, a medida que vamos ascendiendo sentimos con más intensidad el olor a eucaliptos y, escondidas entre la espesura, van apareciendo mansiones que parecen sacadas de cualquier otra época y lugar.

Hay muchísima gente por todas partes y es que, desde el siglo XIX, Sintra es uno de los lugares más visitados de todo Portugal. Ya en aquél entonces, se convirtió en un destino importante para muchas personalidades relacionadas con el mundo artístico de la época, quienes encontraron allí un ejemplo del paisaje romántico por excelencia. Hans Christian Andersen, el escritor de cuentos, visitó Sintra en 1866 y escribió:

Todo extranjero podrá encontrar en Sintra un pedazo de su patria. Descubrí allí Dinamarca, pero creí reencontrar muchos pedazos queridos de otras bellas tierras….

Antes, en julio de 1809 y como parte de los viajes por Europa que formaba el Grand Tour de los jóvenes acomodados europeos, llegó también a la ciudad Lord Byron quien se alojaría en el Hotel Lawrence’s, al que también solía acudir el escritor portugués Eça de Queiróz, quien en su novela Alves & Cia escribe:

Al día siguiente, en un momento de ternura, queriendo que su felicidad fuese más poética, Godofredo propuso que fuesen a pasar unos días a Sintra. Fue una luna de miel. Estaban en el Lawrence, donde tenían un pequeño salón sólo para ellos. Se levantaban tarde, bebían champán en la cena y se besaban a escondidas, en los bancos, debajo de los árboles.

 

Sabemos desde el momento en el que llegamos que va a ser imposible ver todo lo que Sintra tiene por ofrecer e intentamos centrarnos en la visita del Palacio da Pena –o Palacio de la Peña, por su situación en un promontorio- y el Castelo dos Mouros. El primero, aparece de repente en nuestro camino con su muros multicolores: amarillo y ocre, azul, rosa, color tierra,… todos se mezclan, de la misma manera que se mezclan también sus estilos arquitectónicos. La puerta morisca nos da la bienvenida con sus azulejos también de colores y, ahí, parece que nos encontremos en un lugar encantado. Torres y torreones de distintos tamaños, en las cuales hay chicas que se fotografían como si fuesen princesas de un castillo. Es difícil saber adónde mirar, los colores y las formas confunden la vista, el sol se refleja en los azulejos azules de la parte central y, allí mismo, la figura enorme de Tritón –símbolo de la creación del mundo- domina el espectáculo de las hordas de turistas a la espera de poder entrar en el interior.El palacio fue construido en 1836 y utilizado por la monarquía portuguesa hasta 1910, año en el que el último rey de Portugal partió al exilio. Pero en ese cerro existía antes un monasterio del siglo XVI, la capilla con decoraciones en blanco y negro se mantiene y el claustro se cubrió con azulejos convirtiéndolo casi en una especie de patio árabe en ese interior cristiano.
El recorrido por el palacio, después de la larga cola bajo el sol, nos deja ver las oficinas del rey Carlos I, decoradas por él mismo con paneles de pinturas representando los faunos y ninfas que habitarían el bosque de Sintra. En el piso de arriba, se suceden habitaciones en torno a un pasillo central como en otros tantos palacios y, cada una de las salas, está decorada al estilo de finales del siglo XIX, no dejando ningún espacio libre de decoración. Vemos también las cocinas, en las que aún están los cacharros de cobre que se usaban en aquella época para cocinar y, por último, la llamada Terraza de la Reina en donde ahora hay una cafetería.

Desde el palacio se puede ver todo el valle y se distingue Mafra a lo lejos con las torres del Palacio Nacional dominando al resto de edificios. También se ve Sintra bajo nuestros pies y, allí, también sobre otro promontorio, el magnífico Castelo dos Mouros, que nos espera inmóvil desde hace siglos y hacia el que nos dirigimos.

Comentarios

5 comentarios en “Notas desde Sintra: Palacio da Pena

  1. Hola Elena,

    Felicidades por el blog !!

    Qué bonito es el Palacio da Pena y las vistas son espectaculares !! Espero un día acercarme a conocerlo, he estado varias veces en Portugal, pero por diferentes motivos no he ido hasta Sintra.

    Saludos.

    Publicado por elmundoatuspies (@elmundatuspies) | 25 septiembre, 2011, 11:22 AM

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