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Comunidad Valenciana, España

Notas desde Sagunto

No pensábamos que el día treinta y uno de diciembre fuese considerado como festivo pero, en Sagunto, lo era y nos encontramos con el castillo y su museo arqueológico cerrados. Pero no importaba. Aquel día, después del clima de Londres, parecía que fuese casi verano y sólo caminar por los alrededores del castillo y por las calles del pueblo ya valió la pena.

Tampoco hacía tanto que habíamos estado allí. ¿Hace cuatro años, quizás? Fuimos a ver la obra Miles gloriosus de Plauto en el reconstruido teatro romano. Entonces si que era verano, una noche de julio o agosto, y el pueblo parecía estar abarrotado de gente y de vida. La cuesta del Castell estaba llena de visitantes que comían en sillas y mesas de metal sobre los adoquines. En un recodo, frente a una casa abandonada que hacía esquina y que después de estos años sigue igual de abandonada, cenamos también al aire libre.

De día todo parecía distinto. En ese día de fin de año, Sagunto parecía completamente desierto, casi como un pueblo fantasma. Las mesas y sillas que la otra vez estaban en la calle, habían desaparecido y sólo dos parejas parecían tomarse unas cervezas en esas horas de la tarde. Era difícil saber si vive gente en esas casas antiguas porque todo estaba en silencio y, por todas partes, colgaban carteles de Se vende. Arriba, frente a la reja cerrada de la entrada al castillo, tres jóvenes se sentaban sobre las piedras mientras decidían qué hacer y nos veían bajar por uno de los lados de la ladera.

Del castillo sólo pudimos ver sus muros exteriores mientras recorríamos el desnivel de tierra que se extiende en uno de sus lados. Cactus con higos chumbos y vistas de Sagunto, con la iglesia de Santa María y su campanario rematado con el hierro del Puerto de Sagunto dominándolo todo. Casas que se amontonan sobre la montaña e, igual que antes, muchas que se encontraban en venta.

El teatro romano debió ser en su día impresionante, su emplazamiento en la colina haría que dominase toda la población y que tuviese una vista privilegiada del mar. Ahora, es demasiado nuevo y es difícil imaginar como serían las vistas desde allí porque la escena reconstruida tapa un poco la línea lejana del Mediterráneo.

Al bajar, en uno de los flancos de la iglesia de Santa María, nos encontramos con la Casa de los Belenger, una de las casas de las familias cristianas que llegaron con el rey Jaime I durante la Reconquista. Ahora es un pequeño museo con los restos de un templo romano dedicado a la diosa Diana, un baño ritual judío e instalaciones en las que se cuenta el pasado íbero, romano, árabe, judío y cristiano de Sagunto.

Ese pasado, de todas maneras, está presente en todo el pueblo. Una tienda de platos y objetos cerámicos bautizada con el nombre de Arse, el nombre celtíbero de Sagunto antes de la conquista romana. Los restos romanos de la puerta al antiguo circo de la ciudad y los restos de los pilares del puente, también romano, que cruzaba el río seco. Las estrechas calles de la judería. La influencia árabe en el nombre de la comarca de la que Sagunto es capital: el Camp de Morvedre. Y, finalmente, las iglesias y ermitas cristianas diseminadas por la población.

No se me ocurre mejor lugar en el que respirar la historia de la región de la que provengo.

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Comentarios

Un comentario en “Notas desde Sagunto

  1. Sin duda…¡quiero ir a Sagunto!!!!! Besos y feliz año

    Publicado por winnie0 | 7 enero, 2012, 5:34 PM

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