La autora

Me llamo Elena  y soy de un pueblo de la provincia de Castellón que se llama Burriana.

Desde muy pequeña he tenido claro que no tenía suficiente con el lugar en el que nací, un lugar que no elegí yo. Así que, desde pequeña soñé en vivir en cualquier otro sitio, en conocer el mundo, no me veía en ninguna profesión concreta sino más bien en cualquier cosa que me permitiese moverme. A los ocho años, cuando todas las demás niñas pedían muñecas para navidad o para sus cumpleaños, yo pedí un puf que representa el mundo–entonces, me parecía enorme. Los países están representados con colores brillantes y el mar es de un azul eléctrico. Rusia es la URSS, todavía existe Yugoslavia, y así otros muchos restos de la historia reciente del mundo. Me gustaba sentarme sobre él a leer, de vez en cuando bajar la vista y soñar con mi futuro.

El puf aún está en mi habitación, en la casa de mis padres, pero desde entonces ya he cumplido algunos sueños, estoy planificando otros y estoy segura de que muchos otros llegarán si me empeño lo suficiente.

No me gusta sólo viajar sino la posibilidad de pasar un tiempo en algún país o ciudad y llegar a conocerlo bien, con sus peculiaridades y viviendo el día a día de la misma manera que sus habitantes. Hasta ahora, he vivido en Francia, en Italia y en el Reino Unido, siempre en Europa mientras sueño en saltar a algún otro lugar más lejano, más diferente. Entre cambio y cambio de país, he estado también en otros lugares: Portugal, Andorra, Holanda, Noruega, Suecia, Bélgica, Alemania, Grecia, Irlanda, Malta, Croacia, Túnez, Egipto, Tailandia, Camboya y Sudáfrica.

Es cierto lo que mucha gente dice: que viajar es casi como una droga, cuanto más lo haces más quieres y al final se convierte en pura necesidad.

Además de viajar, me gusta la fotografía, la gastronomía, escribir y, en general, todo lo que huela a literatura. Tengo una ligera obsesión en buscar las conexiones literarias de los lugares en los que me encuentro.

Desde siempre he escrito diarios, diarios personales y, aunque no tan frecuentes, diarios de viaje. Si me he dado cuenta de algo es de que, hasta las cosas que en algún momento parecían inolvidables, no lo son. La memoria es muy frágil y necesita siempre de cosas que la mantengan viva. Escribir, para mí, es una manera de mantener mi propia memoria viva.

Llevaba mucho tiempo pensando en pasar lo que escribo en mis diarios a un blog, es la mejor manera de contar las cosas de forma fácil a la gente de la que estoy separada. También me parece la mejor manera de compartir mis experiencias con quien quiera leerlas, mi paso por el mundo no es un paso solitario sino que siempre está acompañado por la gente que tengo alrededor. Si esa gente me lee y me da su visión de las cosas, mi memoria y mi vida en general será más rica.

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